La profecía autocumplida y el efecto Pigmalión son dos conceptos usados en psicología que nos pueden ayudar a comprender por qué ciertas personas logran recuperarse de su adicción y por qué otras no.

Por todos es sabido que la motivación es el ingrediente principal para lograr cualquier objetivo que nos propongamos. Un centro puede ofrecer el mejor tratamiento con los mejores terapeutas en las mejores instalaciones. Pero si el paciente no desarrolla el deseo de cambio y se resguarda en pensamientos limitantes tales como “yo no soy capaz de lograrlo, para mí es imposible vivir sin consumir, lo que necesito es bajar un poco el ritmo, pero el consumo no lo voy a dejar…” es imposible que ese paciente se recupere.

El problema radica en que esa motivación no es fácil de desarrollar puesto que son pensamientos muy arraigados a nuestro subconsciente los que, sin darnos cuenta, determinan nuestras acciones, nuestros pensamientos y en general nuestra manera de ser y estar en el mundo.

Cuanto más convencidos estamos de una realidad, independientemente de que esta sea así o no, más probabilidades hay de que dicha realidad se materialice. Es lo que llamamos la profecía autocumplida.

LA PROFECÍA AUTOCUMPLIDA

Las personas no reaccionamos a las situaciones simplemente por cómo son desde un punto de vista objetivo, sino por cómo las percibimos nosotros y el significado que le damos.

Cuando nos situamos frente a una situación nos comportamos de acuerdo a cómo identificamos esa realidad. Es decir, nos autoconvencemos de que nuestra percepción es real, y por lo tanto actuamos en consecuencia.

“Si una situación es definida como real, esa situación tiene efectos reales”. William I. Thomas.

Este concepto es fácil de comprender si nos paramos a pensar en situaciones de nuestro día a día en las que este hecho se confirma. A todos nos ha pasado alguna vez que hemos pensado que le caemos mal a alguien y nuestra conducta ha cambiado con respecto a esa persona. Nos sentimos incómodos cuando llega, dejamos de saludarla, damos respuestas breves y cortantes. Al autoconvencernos de que le caemos mal, nuestra conducta cambia y finalmente logramos que esa persona note a través de nuestro comportamiento la antipatía que sentimos, llegando a provocar que realmente le caigamos mal a esa persona.

A este efecto, el sociólogo William I. Thomas lo llamó “Profecía autocumplida”.

Cuando nos creemos nuestra percepción de la realidad, esta desarrolla efectos en la realidad y el entorno. Esto no significa que, si una persona que sufre la enfermedad de adicción se autoconvence de que el consumo de tóxicos no afecta a su bienestar físico y mental esto se vaya a cumplir; puesto que la realidad material es invariable. Los tóxicos reaccionan con nuestro cuerpo y nuestro cerebro independientemente de lo que demos por real o no. En este caso estamos hablando de autoengaño y distorsión de la realidad.

Para lo que sí nos puede servir conocer esta teoría es para plantearnos qué significado le hemos dado a nuestra condición de adictos. Muchas personas que sufren esta enfermedad se autoconvencen internamente de que la recuperación es imposible. Al aceptar como válida esta realidad, al cabo de un tiempo de abstinencia o de tratamiento, irremediablemente recae en la conducta de consumo.

Por el contrario, si nos autoconvencemos de que la recuperación es posible. Nuestra predisposición para ponernos en manos de profesionales, para seguir un tratamiento, para aferrarnos a una rutina, para resistir los momentos de ansiedad provocados por la abstinencia, así como para hacer todo lo posible en nuestro proceso de recuperación; nuestras posibilidades de lograr el éxito aumentan considerablemente hasta el punto de poder llegar a autocumplir nuestra profecía personal “es posible recuperarse y yo puedo lograrlo”.

EL FECTO PIGMALIÓN

Según la mitología griega, Pigmalión era rey de Chipre y buscaba esposa. Como requisito para elegir a su esposa se había propuesto que su futura mujer fuera perfecta. Obviamente ninguna mujer pudo cumplir ese requisito, por lo que Pigmalión decidió esculpir en piedra a la mujer más bella y perfecta que pudiera existir. Al igual que Geppetto con Pinocho, una noche tuvo un sueño y su creación cobró vida. 

Si la teoría de la profecía autocumplida nos ayuda a entender cómo nuestra percepción de la realidad termina afectando a la realidad misma, la historia de Pigmalión se usa para describir el efecto por el cual la imagen que nos creamos sobre otra persona termina condicionando la forma de ser de esa persona.

Si nuestro jefe nos trata como buenos trabajadores, sentimos que nos tiene en estima y que valora nuestro trabajo, lo más seguro es que nuestra productividad aumente y lleguemos a ser ese buen trabajador que nuestro jefe piensa que somos. Si, por el contrario, nuestro jefe nos infravalora y nos hace sentir poco útiles, seguramente terminaremos por convertirnos en un trabajador poco productivo, sin iniciativa y desmotivado.

Todos hemos vivido alguna situación parecida en la que hemos sentido que la opinión y las percepciones de los demás influyen en nosotros tanto para bien como para mal. Es por ello que hablamos de efecto Pigmalión positivo y negativo.

Las familias de las personas que sufren la enfermedad de adicción, en la mayoría de los casos, han intentado todo lo que está en su mano para que su familiar adicto reaccione y logre alcanzar la recuperación. Sin muchas veces saberlo, han intentado aplicar el efecto Pigmalión positivo “tú puedes hacerlo, eres una persona luchadora, todos confiamos en ti”.

Por el contrario, hay familias que agotadas por el transcurso de la enfermedad envían mensajes como “Siempre estás igual, nunca vas a cambiar, eres un adicto sin remedio”. Este tipo de mensajes hay que evitarlos ya que siempre causan un efecto negativo al hacer mella en su autoestima y condicionar su percepción de la enfermedad.

La recuperación de esta enfermedad solo es responsabilidad de uno mismo. Aun así, si una familia decide acompañar al adicto o adicta en su proceso debe tener en cuenta que la confianza y la autoestima, aunque sea inculcada por terceros, puede ayudar a lograr la recuperación.

RECOMENDACIONES

  • Piensa en todas las personas que han logrado recuperarse de esta enfermedad y convéncete de que la recuperación es posible. No hay nada que les diferencie de ti.
  • Comprométete con tus objetivos y aparta los pensamientos derrotistas. Como dice nuestro coach deportivo Hunter: “Tu cuerpo llega hasta donde llega tu mente”.
  • Los mensajes que damos a los demás son tan potentes como los que nos damos a nosotros mismos. Creer que puedes lograrlo puede ayudarte, del mismo modo que creer en alguien puede ayudar a que esa persona recupere la confianza en sí misma.

Pedro García Aguado y Adrián Hahn Menacho